Ha llovido ya desde el 2002, año en que pisamos la “Meca” por primera vez y algo nos debió contagiar, porque año tras año repetimos sin falta nuestra cita anual con el gres parisino. Siempre hay caras nuevas en cada viaje y algunas ausencias claro está, pero con un denominador común para todos los que asisten, sufrir y disfrutar bajo romos de arenisca gris y caídas sobre arena de playa. |